Ubaidul’lah Bin Umar al-Qawariri (rahimahul’lah-que Al’lah tenga misericordia de él) fue un Muhaddiz de excepcional calibre, originario de Basora, que falleció en el año 235 de la Hégira. Estudió hadices con varias eminencias, entre ellas Fudeyl Bin Iyad y Sufyán Bin Uyeynah (rahimahul’lah). Entre sus numerosos alumnos se encontraban algunos de los más grandes eruditos del hadiz: imám Bujari, imám Muslim e imám Abu Dawud (rahimahul’lah), entre muchos otros. [Siyaru Alamin Nubala, vol. 11, págs. 442-445]

Era extremadamente raro que Ubaidul’lah (rahimahul’lah) faltara al Salah (oración) de Isha en congregación. Sin embargo, una noche llegó un invitado y se dedicó a atenderlo. Cuando finalmente salió en busca de una congregación entre las tribus de Basora, descubrió que la gente ya había ofrecido su oración.

Entonces recordó las palabras del profeta Muhammad ‎ﷺ, según las cuales el Salah realizado en congregación supera al Salah individual en veintiún, veinticinco o incluso veintisiete grados (según diversas narraciones). Así pues, regresó a casa y ofreció el Salah de Isha veintisiete veces, tras lo cual se retiró a dormir.

Esa noche soñó que cabalgaba junto a un grupo de personas y que todos corrían a caballo. Sin embargo, los demás lo superaban. Comenzó a espolear y golpear a su caballo con la esperanza de alcanzarlos, pero el último jinete se volvió hacia él y le dijo: «No canses a tu caballo, porque jamás nos alcanzarás». Cuando preguntó la razón, le respondieron: «Porque ofrecimos el Salah de Isha en congregación». [Tarij Bagdad, vol. 16, pág. 26]

Lecciones:

1.La recompensa de ofrecer el Salah en congregación es una oportunidad única e irreemplazable una vez perdida. Es una de esas acciones cuya virtud está ligada al momento; una vez que ese momento pasa, ninguna repetición puede recrear completamente su recompensa. Esta realidad se hace evidente en la experiencia de Ubaidul’lah (rahimahul’lah). A pesar de haber ofrecido el Salah de Isha veintisiete veces por profundo arrepentimiento, su sueño le mostró que nada se comparaba con la oración en congregación original. Los jinetes que corrían delante simbolizaban una recompensa asociada específicamente al Salah en congregación, no simplemente a repetir la acción posteriormente.

2.Un corazón vivo siente la pérdida de una oportunidad espiritual, incluso cuando la omisión fue involuntaria y excusable. A pesar de haberse perdido el Salah en congregación de manera involuntaria, el corazón de Ubaidul’lah (rahimahul’lah) se oprimió de tristeza. En lugar de aceptarlo como algo que «simplemente sucedió», recorrió Basora de tribu en tribu con la esperanza de encontrar una congregación.

3.Los compromisos mundanos o sociales, incluso cuando son nobles, a veces pueden hacer que uno pierda una oportunidad de mucho mayor valor espiritual. La hospitalidad es un acto noble y conlleva una inmensa virtud, pero incluso una buena acción puede, sin querer, eclipsar algo más importante. Esto fue lo que le sucedió a Ubaidul’lah (rahimahul’lah). Mientras atendía a su invitado, se distrajo tanto que el tiempo del Salah en congregación se desvaneció. Esto nos recuerda que debemos mantenernos atentos durante los momentos de mayor actividad, salvaguardando lo esencial en nuestra conexión con Al’lah Ta‘ala y asegurándonos de que una buena acción no cause la pérdida de otra mucho más valiosa.