Se dice que una sonrisa es el camino más corto entre dos corazones.
Hoy, en un mundo repleto de pantallas, agendas apretadas y miradas silenciosas, algo tan simple como una sonrisa sincera se ha vuelto raro, casi olvidado. El ajetreo de la vida diaria, el peso de las responsabilidades que cargamos y el ritmo frenético al que nos movemos a menudo nos privan de este hermoso y sagrado hábito: la sonrisa.
Sin embargo, este gesto aparentemente pequeño tiene un valor inmenso a los ojos del Profeta Muhammad (ﷺ – la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él).
Además de ser el Mensajero de Al’lah, el líder de la umma, un comandante en la batalla y quien cargaba con la mayor responsabilidad, el Profeta Muhammad ﷺ era también una persona cuya sola presencia consolaba a los afligidos y animaba a los cansados. A pesar de llevar el peso de la revelación divina y la responsabilidad de guiar a la humanidad, era conocido por su carácter afable, su naturaleza cálida y su sonrisa siempre presente.
Yarir (radiyal’lahu anhu – Al’lah esté complacido con él) dijo: «Desde que acepté el Islam, el Profeta Muhammad ﷺ nunca me impidió visitarlo y nunca me vio sin sonreírme». [Sahih Bujari, n.º 3035]
¿Qué clase de carácter debe tener un hombre para sonreír cálidamente cada vez que alguien entra, sin importar lo cansado, agobiado o apurado que esté?
Fue a través de gestos tan sutiles pero constantes que el Profeta Muhammad ﷺ sanó corazones, se ganó la confianza y construyó una umma (comunidad musulmana).
Sonreír no es simplemente una muestra de buenos modales o inteligencia emocional; más bien, es un acto de adoración que merece recompensa. El Profeta Muhammad ﷺ dijo: «Sonreírle a tu hermano es caridad». [Sunan Tirmizi, n.º 1956]
Cada vez que saludas a alguien con una sonrisa —ya sea un familiar, tu pareja, un desconocido o un niño— es como si le hicieras un regalo. Les alegra el corazón y te granjea una recompensa en el Más Allá.
Además, los estudios demuestran que incluso una simple sonrisa desencadena una suave reacción en cadena en el cuerpo, liberando hormonas que mejoran el estado de ánimo y alivian la tensión. Calma el corazón, reduce el estrés y aporta una sensación de ligereza.
En un mundo lleno de críticas, cinismo y frialdad, incluso el más pequeño gesto de calidez destaca. Una sonrisa puede hacer que una persona se sienta vista. Puede recordarle que importa y, a veces, darle la fuerza para afrontar el día. Una sonrisa no cuesta nada, pero deja una huella imborrable.
En una ocasión, Huseyn (radiyal’lahu anhu) preguntó a su padre, Ali (radiyal’lahu anhu), sobre la conducta del Profeta Muhammad ﷺ entre sus compañeros. Ali (radiyal’lahu anhu) respondió: «El Profeta Muhammad ﷺ siempre sonreía, era afable, de carácter bondadoso, ni severo ni duro». [Shama’il Tirmizi, n.º 351]
Revivamos esta sunna olvidada, no solo como un hábito, sino con la intención de elevar e inspirar, así como de emular a aquel a quien Al’lah Ta‘ala describió como:
وَإِنَّكَ لَعَلَىٰ خُلُقٍ عَظِيمٍ
«Eres, ciertamente, de una naturaleza y moral grandiosas».
[sura: Al-Qalam, aleya: 4]
Sonríe, no porque la vida sea perfecta, sino porque la sunna es perfecta. Y, a través de ella, puedes brindar consuelo a los corazones de los demás. Por supuesto, esto aplica a sonreír solo entre personas del mismo sexo y Mahrams.
