Amr as-Saraya (rahimahul’lah, que Al’lah tenga misericordia de él) relató que, en cierta ocasión, viajaba solo por territorio romano. Un día, mientras dormía, un romano incrédulo se le acercó y lo despertó sacudiéndolo con el pie. Luego lo desafió a un combate, dándole a elegir la forma de luchar: con lanzas, con espadas o cuerpo a cuerpo.
Amr (rahimahul’lah) respondió que ni el combate con lanzas ni el combate con espadas dejarían supervivientes, por lo que eligió luchar cuerpo a cuerpo. El hombre desmontó, dominó rápidamente a Amr (rahimahul’lah) y se sentó sobre su pecho. Luego le preguntó cómo deseaba morir.
Fue en ese momento crucial cuando Amr (rahimahul’lah) recordó hacer una súplica (dua). Alzando la mirada al cielo, imploró a Al’lah Ta’ala, el Todopoderoso, diciendo:
أَشْهَدُ أَنَّ كُلَّ مَعْبُودٍ مَا دُونَ عَرْشِكَ إِلَى قَرَارِ الْأَرَضِينَ بَاطِلٌ غَيْرَ وَجْهِكَ الْكَرِيمِ ، قَدْ تَرَي مَا أَنَا فِيهِ ، فَفَرِّجْ عَنِّي
«Doy testimonio de que todo aquello que es adorado por debajo de Tu Trono, hasta las profundidades de la tierra, es falso, excepto Tu Noble Rostro. Tú ves la situación en la que me encuentro; concédeme, pues, alivio».
Luego perdió el conocimiento. Cuando lo recuperó, encontró al romano muerto a su lado.
Is’haq (rahimahul’lah), uno de los narradores de este incidente, mencionó:
«Yo mismo lo puse en práctica y se lo enseñé a otros, y les resultó beneficioso. Y esta es la verdadera sinceridad», es decir, recurrir únicamente a Al’lah Ta’ala sin depositar la confianza en nada más.
[Al-Faraj Ba’d ash-Shiddah – Ibn Abi ad-Dunya]
Lección
Un creyente que enfrenta dificultades posee un arma especial que siempre está a su disposición. Por muy severa que sea la prueba, el arma de la súplica (Dua) permanece siempre accesible. En una ocasión, el Profeta Muhammad ﷺ dijo:
«¿Acaso no les gustaría que les informe de algo que los salvará de sus enemigos y aumentará su sustento? Recurran a Al’lah en Dua durante el día y la noche, pues la súplica es, en verdad, el arma del creyente». [Abu Ya’la – Majma’uz Zawaa-id #17153]
Amr as-Saraya (rahimahul’lah) se encontró en una situación de la que parecía imposible escapar. Sin embargo, al recurrir con sinceridad a Al’lah Ta’ala, recibió ayuda divina. Por ello, nosotros también debemos esforzarnos por fortalecer nuestra convicción en la Dua (súplica) y convertirla en una práctica constante en nuestras vidas.
