Mucha gente tiene la idea errónea de que un aumento de riqueza conlleva un aumento de felicidad. Sin embargo, esto está muy lejos de la realidad, ya que la depresión afecta a personas de todos los niveles económicos y de todos los ámbitos de la vida.
La gravedad de la depresión quizás se pueda medir por el hecho de que, según las estadísticas, solo en Sudáfrica, ¡se registran aproximadamente veintitrés suicidios al día!
El Islam nos ha dado una receta sencilla y gratuita, sin efectos secundarios indeseables, y es incomparable para combatir la depresión. En este sentido, el Mensajero de Al’lah (sallallahu ‘alaihi wasallam) nos enseñó que siempre debemos mirar a quienes son menos afortunados que nosotros. (Sahih Muslim #7428) Al hacerlo, nos daremos cuenta de cuántas bendiciones disfrutamos y por las que debemos estar agradecidos, y de lo afortunados que somos en realidad.
Por lo tanto, debemos reflexionar diariamente sobre la difícil situación de los demás en el mundo. Hay personas que no tienen nada que comer y mueren de hambre. Hay personas que no tienen extremidades o extremidades que no funcionan. Hay personas que se vieron obligadas a presenciar la muerte de toda su familia. Al reflexionar sobre las dificultades que enfrentan estas personas, nos daremos cuenta de que las nuestras, por dolorosas e insoportables que parezcan, en realidad no son tan graves como el sufrimiento de los demás.
Cuando nos sintamos deprimidos, pensemos en nuestros hermanos, hermanas, hijos y padres de todo el mundo que son menos afortunados que nosotros. Luego, alcemos las manos en súplica, agradezcamos a Al’lah Ta‘ala por los innumerables favores que disfrutamos y roguémosle que ayude a quienes atraviesan dificultades.
Este es el mejor antidepresivo del que todos deberíamos esforzarnos por tomar una dosis diaria.
