Si la casa de una persona se incendia, se puede reconstruir o comprar otra. Si un coche es robado o destrozado, se puede reemplazar o reparar. Si se pierde la riqueza, se puede recuperar o volver a ganar. Sin embargo, si se pierde el TIEMPO, jamás se podrá recuperar ni reemplazar, y no hay nada en el mundo que pueda compensar el tiempo perdido.

Ya sea que una persona esté sana o enferma, sea joven o anciana, rica o pobre, inteligente o no, sin importar quién sea o dónde esté, no puede escapar del tiempo. A medida que el reloj avanza y los momentos pasan, su muerte se acerca inexorablemente. Cada momento que pasa queda relegado a la historia, para ser recordado, pero jamás revivido.

Todos tenemos aspiraciones y ambiciones: «Realizar mi Salah Qadah (recuperar los Salah perdidos)… Observar mis ayunos Qadah (recuperar los ayunos perdidos)… Pedirle perdón a fulano… Arrepentirme de mis pecados… Cambiar mi vida…». Sin embargo, la procrastinación es la ladrona del tiempo. Siempre decidimos empezar «mañana»… Hasta que llega el día siguiente… Y luego, después de las vacaciones… El problema es que la muerte no discrimina y las excusas no la detienen. La muerte puede llegar en cualquier momento. Para asegurar nuestro Paraíso antes de morir, necesitamos hacer el cambio no hoy, sino INMEDIATAMENTE.

Cuando se le pregunta a la mayoría de la gente por qué no realiza su Salah Qada, recita el Sagrado Corán, hace Talim en casa o practica el Zikr (recuerdo de Al·lah Ta‘ala), la respuesta típica es: «No tengo tiempo». La verdad es que, si una persona considera algo lo suficientemente importante, no esperará a tener tiempo libre para dedicarse a ello; encontrará el tiempo necesario.

Por ello, necesitamos reflexionar profundamente. Identifiquemos nuestras deficiencias, nuestras deudas pendientes con Al·lah (Ta‘ala, el Altísimo) o con la creación, y aquellas áreas en las que malgastamos el tiempo. ¡Para nuestra sorpresa, podríamos descubrir que pasamos más tiempo en nuestros dispositivos del que creíamos! Recordemos que incluso unos pocos minutos aquí y allá se acumulan y se convierten en horas. En lugar de desperdiciar esas horas, seamos inteligentes y aprovechemos cada momento.

El primer paso es establecer un horario. Asignemos tiempo para cada responsabilidad —tareas escolares, quehaceres, tiempo en familia, adoración, Salah, etc.—, así como un pequeño espacio para relajarnos y descansar. Sin embargo, debemos ser justos, realistas y prácticos al distribuir nuestro tiempo. Por ejemplo, no debemos dedicar treinta minutos a una tarea que requiere una hora, ni una hora a la recitación del Corán si sabemos que no podremos dedicarle más de veinte minutos.

Tras elaborar un horario, debemos monitorear nuestro progreso, anotando diariamente si hemos alcanzado nuestros objetivos para cada día (por ejemplo, Salah, Zikr, etc.). Al final de la semana, debemos repasar todo lo realizado para evaluar nuestro avance. Si no estamos cumpliendo con nuestros compromisos, debemos identificar los factores que nos han hecho perder tiempo y trabajar para eliminarlos.

Si nos tomamos en serio este esfuerzo por valorar y aprovechar nuestro tiempo, Al·lah Ta‘ala nos bendecirá con grandes avances y, por Su misericordia, lograremos lo que jamás imaginamos posible.