En jardinería, algunas personas tienen un don especial para las plantas. Logran sembrar y cultivar con éxito una gran variedad de especies, algunas ornamentales y otras comestibles. Cuidan sus plantas con esmero, regándolas, podándolas y aplicando insecticidas cuando es necesario. Gracias a su dedicación y esfuerzo constantes, obtienen un huerto exuberante, rebosante de belleza y frutos.

Otras personas, en cambio, se quejan de tener mala mano para las plantas. Si se acercan a menos de un metro de cualquier planta, esta casi con seguridad se marchitará y morirá poco después. Estas personas poseen terrenos rocosos y completamente desprovistos de vegetación, o bien terrenos invadidos por maleza, insectos y otras plantas y animales silvestres.

Nuestras vidas son como parcelas de tierra, y nuestras acciones dan forma a la vegetación que crece en ellas. La diferencia, sin embargo, radica en que toda persona con fe posee un don especial para las plantas: la capacidad de realizar buenas acciones que serán aceptadas por Allah Ta’ala, el Todopoderoso. Lo único que se requiere es que cuide con esmero su parcela, transformándola en un huerto lleno de belleza y productividad.

Si se relaja y descuida el riego de las plantas con el agua del recuerdo de Al’lah (Zikr) y la adoración (Ibadah), verá cómo las valiosas plantas de su huerto —el Imán y las buenas obras— se marchitan por falta de agua. Si no elimina regularmente las plantas invasoras —los pecados—, estas pronto ahogarán las plantas beneficiosas, que poco a poco terminarán muriendo. Si permite que las malas hierbas permanezcan y echen raíces, pronto se volverán más abundantes y fuertes que las plantas, hasta que su terreno quede cubierto únicamente por ellas. Por lo tanto, es vital arrancarlas y eliminarlas en cuanto broten. Junto con ello, deberá aplicar el herbicida del arrepentimiento sincero para erradicar hasta el último rastro de ellas, impidiendo que vuelvan a crecer.

Al cuidar el huerto con diligencia y esmero, este se transforma en un terreno lleno de las plantas del Paraíso: el Imán y las buenas obras. Quien así lo cultive cosechará y disfrutará de sus frutos tanto en este mundo como en el venidero. Si su huerto es particularmente productivo, la cosecha será suficiente para su propio sustento e incluso beneficiará a otros.

Revisemos nuestros huertos, identifiquemos las malas hierbas que necesitan ser arrancadas de inmediato y las plantas que requieren atención urgente. Si renovamos y revitalizamos nuestros huertos, disfrutaremos de sus frutos y de su belleza, tanto en este mundo como en el venidero.