‌اَلرِّجَالُ قَوَّامُونَ عَلَى النِّسَاءِ بِمَا فَضَّلَ اللَّهُ بَعْضَهُمْ عَلَىٰ بَعْضٍ وَبِمَا أَنفَقُوا مِنْ أَمْوَالِهِمْ

Los hombres son responsables del cuidado de las mujeres debido a las diferencias [físicas] que Dios ha puesto entre ellos, y por su obligación de mantenerlas con sus bienes materiales. [sura Nisa, aleya 34]

En las aleyas anteriores, el Islam prohibió toda forma de injusticia hacia las mujeres, ya sea negándoles sus derechos o tratándolas de manera injusta. Esta aleya se centra ahora en describir los derechos y responsabilidades de los hombres.

El término árabe Qawam (plural: Qawamun) se refiere a una persona que gobierna, está a cargo de un asunto y asume la responsabilidad sobre él, gestionándolo y garantizando su correcto funcionamiento.

Todo sistema organizado, ya sea una nación, una comunidad o incluso un pequeño hogar, requiere de alguien que dirija, tome las riendas, resuelva disputas y mantenga el orden. Así como un Estado no puede funcionar sin liderazgo, la familia también necesita un jefe responsable. En Su infinita sabiduría, Al’lah Ta‘ala ha depositado esta responsabilidad en los hombres, dotándolos de ciertas cualidades naturales idóneas para este rol, una realidad evidente para cualquier observador imparcial.

Si bien esta aleya afirma claramente que los hombres han sido designados líderes y responsables de las mujeres, esto no significa que tengan derecho a actuar injustamente con ellas.

Dado que existe la posibilidad de que algunos se sientan incómodos con esta disposición, Al’lah Ta‘ala ha explicado la sabiduría que la sustenta, citando dos razones. La primera se refiere a la sabiduría divina de la creación, que escapa al control humano, y la segunda surge del esfuerzo y la responsabilidad humanos.

La primera razón se expresa en las palabras: «Porque Al’lah ha hecho que algunos sobresalgan sobre otros». Esta distinción surge puramente de la sabiduría del Creador. Así como Al’lah Ta‘ala ha otorgado un honor especial a ciertos lugares —como designar la Kaaba como Su Casa y qiblah para el salaj, y conceder santidad a Baytul Maqdis—, de igual manera ha dotado a los hombres de ciertas fortalezas y capacidades naturales para asumir responsabilidades. Esto se basa únicamente en la sabiduría de Al’lah Ta‘ala, prerrogativa exclusiva del Creador.

La segunda razón se expresa en las palabras: «Y porque gastan de su riqueza». A los hombres se les confía la responsabilidad financiera de mantener a la familia: pagar la dote y cubrir todos los gastos del hogar.

Esta razón también conlleva otras implicaciones. Aclara que la mayor parte de la herencia que corresponde al hombre no es un privilegio, sino una necesidad. Dado que está obligado a asumir las cargas financieras de la familia, la doble parte que le corresponde beneficia también a la mujer y a los hijos. Antes del matrimonio, la manutención de la mujer es responsabilidad del padre; después, es responsabilidad del marido. De esta manera, el sistema financiero del Islam protege su bienestar y seguridad a lo largo de su vida.

Esto refleja un principio importante en el orden natural de la vida. La mujer no ha sido creada para soportar las duras cargas del trabajo y la obtención de ingresos. Su temperamento y constitución física han sido moldeados para la dulzura, la crianza y la continuidad de la vida humana. Por Su misericordia, Al’lah la ha protegido de los rigores de las dificultades mundanas, confiándole un papel digno e indispensable en el hogar: la crianza de los hijos y la realización de las tareas domésticas, que ningún hombre puede desempeñar con la misma plenitud que ella.

[Adaptado de Ma‘ariful Qurán, vol. 2, pág. 394]