Imagínate comer un mango que no tiene ningún tipo de dulzor… Se parece a un mango, se siente como un mango, incluso la textura es la misma, pero sentimos que algo no está bien. Esto se debe a que no se encuentra la esencia del mango: su sabor. De manera muy similar, todo acto de adoración que realiza un creyente tiene una esencia y un espíritu con los que debe llevarse a cabo. De ahí que, si se realiza sin ese verdadero espíritu y esencia, se convierta en un mero ritual sin lograr el efecto deseado.

Esto también se aplica a la acción de Udhiyah y Qurbani, que en realidad es una emulación del sacrificio de Nabí Ibrahim (alayhis salam – la paz sea con él). La base y esencia de este acto fue la sumisión total a las órdenes de Al’lah Ta’ala. Por lo tanto, al realizar este acto, también nosotros debemos hacerlo con el mismo espíritu de aquel a quien estamos emulando.

Una forma muy eficaz de recordar este espíritu y esencia es recitar la súplica que Rasulul’lah ﷺ recitó en el momento del sacrificio.

Yabir (radiyal’lahu anhu – Al’lah esté complacido con él) transmite que, en el día de Eid, cuando Rasulul’lah ﷺ dirigió su animal hacia la quibla, recitó la siguiente súplica y luego lo degolló:

إِنِّيْ ‌وَجَّهْتُ وَجْهِيَ لِلَّذِيْ فَطَرَ السَّمَوَاتِ وَالْأَرْضَ عَلٰى مِلَّةِ إِبْرَاهِيْمَ حَنِيْفًا وَمَا أَنَا مِنَ الْمُشْرِكِيْنَ ، إِنَّ صَلَاتِيْ ‌وَنُسُكِيْ وَمَـحْيَايَ وَمَـمَاتِيْ للهِ رَبِّ الْعَالَمِيْنَ ، لَا شَرِيْكَ لَهُ وَبِذٰلِكَ أُمِرْتُ وَأَنَا مِنَ الْمُسْلِمِيْنَ ، اَللّٰهُمَّ مِنْكَ وَلَكَ، عَنْ مُـحَمَّدٍ وَأُمَّتِهِ ، بِاسْمِ اللهِ وَاللهُ أَكْبَرُ

“Me consagro a Quien creó los cielos y la tierra, según el credo de Ibrahim (alayhis salam), y no soy de los que asocian divinidades a Al’lah en la adoración. En efecto, mi Salah, mi ofrenda, mi vida y mi muerte pertenecen a Al’lah, Señor del universo, Quien no tiene asociados. Esto (la unicidad de Al’lah) es lo que se me ha ordenado creer, y soy de los que se someten a Al’lah. ¡Oh, Al’lah!, este sacrificio se debe a que nos concedes la capacidad de hacerlo, y es para Ti. De Muhammad y su umma. En el nombre de Al’lah, y Al’lah es el Más Grande”. [Sunan Abi Dawud #2795]

Desde el principio de esta súplica hasta el final, Rasulul’lah ﷺ expresa su sumisión a Al’lah Ta’ala. En la parte inicial, menciona que se está volviendo completamente hacia Al’lah Ta’ala, lo que significa que tiene la intención de llevar a cabo este acto de sacrificio únicamente por Él, de la misma manera que Nabí Ibrahim (alayhis salam) lo hizo.

La siguiente parte de esta súplica se deriva de una aleya del Corán que expresa aún más esta sumisión, explicando que cada faceta de la vida de una persona —ya sea su Salah, este acto de Qurbani que pretende realizar o cualquier otra ibadah— es únicamente para Al’lah Ta’ala. De hecho, toda su vida y su muerte también son exclusivamente para Él.

Que la vida y la muerte sean únicamente para Al’lah Ta’ala puede significar que todos los actos de una persona relacionados con esta vida (como el Hayy, el ayuno, etc.) son únicamente para Él, y que todos sus actos relacionados con la muerte, como su Wasiyyah (testamento), también lo son. Asimismo, puede significar que tanto la vida como la muerte de una persona están bajo el control de Al’lah Ta’ala. Por lo tanto, uno debe reflexionar que, si su vida y su muerte están bajo Su control, entonces cualquier acción física y espiritual que lleve a cabo debe ser solo para Él.

En esta aleya, Muftí Muhammad Shafí (rahimahul’lah) explica que se trata de una meditación simple pero grandiosa. Si una persona se entrena a tener presente esta aleya en todo momento, se convertirá en un verdadero ser humano y ni siquiera se acercará a ningún tipo de pecado o desobediencia.

Finalmente, Rasulul’lah ﷺ vuelve a expresar su sumisión a Al’lah Ta’ala con palabras explícitas, afirmando que es uno de aquellos que se someten a Él.

En conclusión, se dirige a Al’lah Ta’ala diciendo que este animal que está sacrificando proviene en realidad de Él, ya que todo lo que poseemos en este mundo procede de Al’lah Ta’ala. Añade además que este animal es sacrificado únicamente por Él, y no por ninguna otra deidad ni por ningún otro motivo.

[Adaptado de Mirqatul Mafatih, vol. 3, pág. 567, y Ma’ariful Quran, vol. 3, pág. 509]