Umar ibn Abdil Aziz (rahimahul’lah, que Al’lah tenga misericordia de él) fue un gobernante reconocido por su profundo sentido de la justicia. Su imparcialidad, humildad y firme adhesión a la sunna fueron tan notables que llegó a ser conocido como «Umar el Segundo», en honor al eminente modelo de justicia, Umar ibn al-Jattab (radiyal’lahu anhu, que Al’lah esté complacido con él).
Umar ibn Abdil Aziz (rahimahul’lah) fundó una institución de beneficencia pública dedicada a distribuir alimentos entre los pobres, los necesitados y los viajeros. Tras su inauguración, advirtió a su esposa:
«No tomes alimentos de esta casa, pues está destinada exclusivamente a los pobres, los necesitados y los viajeros».
Un día, Umar ibn Abdil Aziz (rahimahul’lah) llegó y vio a una sirvienta con un cuenco de leche. Le preguntó:
—¿Qué es esto?
Ella respondió:
—Como usted sabe, su esposa está embarazada y tenía antojo de leche. Cuando una mujer embarazada desea algo y no se le concede, existe el temor de que pueda sufrir un aborto espontáneo. Por eso tomé un poco de leche de esta casa de beneficencia.
Entonces Umar ibn Abdil Aziz (rahimahul’lah) la condujo ante su esposa y, alzando la voz, dijo:
—Si nada puede preservar lo que hay en su vientre excepto el alimento destinado a los pobres y necesitados, entonces que Al’lah no lo preserve.
Al entrar, su esposa preguntó:
—¿Qué sucede?
Él respondió:
—Ella afirma que nada puede preservar lo que hay en tu vientre excepto el alimento de los pobres y necesitados. Si solo así puede conservarse, entonces que Al’lah no lo preserve.
Al escuchar esto, su esposa dijo a la esclava:
—¡Devuélvelo, ay de ti! ¡Por Al’lah, no lo probaré!
La esclava devolvió entonces la leche al lugar de donde la había tomado.
[Tabaqat Ibn Sa’d, vol. 5, pág. 378]
Lecciones
1. Aliviar las dificultades de los demás atrae la ayuda de Al’lah.
Brindar consuelo a quienes atraviesan angustias y dificultades es una forma de obtener una inmensa recompensa de Al’lah Ta‘ala, el Altísimo y una de las mejores maneras de recibir Su ayuda y asistencia. Esto puede lograrse de diversas formas, como mediante apoyo económico, la provisión de alimentos o la ayuda física.
El Profeta Muhammad (ﷺ, la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él) dijo:
«Quien alivie a un creyente de una dificultad de este mundo, Al’lah lo aliviará de una dificultad del Día del Juicio».
Y añadió:
«Allah continúa ayudando a Su siervo mientras este se dedique a ayudar a su hermano».
[Sahih Muslim, n.º 6853]
2. La verdadera integridad exige extrema cautela con los fondos públicos
La verdadera integridad en la administración de los bienes públicos exige la máxima prudencia, incluso cuando se ostenta autoridad y nadie está observando. Este principio se manifiesta claramente en la conducta de Umar ibn Abdil Aziz (rahimahul’lah). A pesar de ser gobernante y de haber podido justificar fácilmente una pequeña asignación para su familia, se negó a permitir que siquiera una gota de alimento destinada a los pobres entrara en su hogar.
