Entre las innumerables e invaluables bendiciones de Al’lah para el ser humano se encuentra la de la inteligencia. Hay muchas personas en el mundo que carecen por completo de inteligencia, como quienes padecen retraso mental, y muchas otras que poseen una inteligencia limitada, hasta el punto de que su insensatez les acarrea daño en este mundo o en el otro.
A continuación, se presentan algunos casos seleccionados de personas insensatas cuyas notorias travesuras les valieron un lugar envidiable en los libros de historia. Al leer sus casos, debemos agradecer a Al’lah Ta‘ala por habernos concedido el entendimiento y habernos salvado de tal insensatez. Mediante Su infinita gracia y misericordia, al salvarnos de la insensatez, Al’lah nos ha protegido de la desgracia y la humillación.
Habannaqah
Había un hombre de la tribu Banu Qeys, conocido como Habannaqah, famoso por su insensatez. Tan insensatez era que se había hecho un collar con conchas marinas, huesos y trozos de cerámica que usaba alrededor del cuello. Explicaba el motivo de su uso diciendo: “Lo llevo porque tengo miedo de perderme. Si me pierdo, ¡podré reconocerme a través de este collar!”.
Una noche, el collar terminó alrededor del cuello de su hermano. A la mañana siguiente, cuando Habannaqah se despertó y vio el collar alrededor del cuello de su hermano, se quedó perplejo y dijo: “Ahora tú eres yo, entonces ¿quién soy yo?”. [Ajbarul Hamqa Wal Mugaffalin, pág. 33]
Hamzah Bin Bidh
Otra persona conocida por su insensatez fue Hamzah Bin Bidh. Tan insensata era que una vez le preguntó a su esclavo: “¿Qué día ofrecimos la oración comunitaria del viernes en Rusafah?”. El esclavo reflexionó un momento y luego respondió: “¡Fue un martes!”. [Ajbarul Hamqa Wal Mugaffalin, pág. 35]
Azhar
Otra persona insensata, también bastante habladora, era Azhar. Solía estar acompañado por el gobernador, Amr Bin Leyz. Un día, un mensajero del rey llegó a Amr. Por lo tanto, Amr le pidió a Azhar que se abstuviera de hablar, diciéndole: “Por favor, haznos feliz hoy con tu silencio”.
En consecuencia, Azhar guardó silencio un rato, pero al final, se le agotó la paciencia y exclamó: “¡Construí una torre en la ciudad, y tiene mil pies de altura!”. En cuanto abrió la boca, el portero le hizo un gesto para que guardara silencio. Sin embargo, el mensajero se volvió hacia él y le preguntó: “¿Cuál es el ancho de la torre?”. Azhar le respondió: “Tiene un pies de ancho”.
El mensajero respondió con incredulidad: “¡Un pies de ancho no son suficientes para una torre de mil pies de altura!”. Azhar le respondió: “Quería aumentar el ancho, pero este portero me lo impidió”. [Ajbarul Hamqa Wal Mugaffalin, pág. 39]
Abu Abdil’lah Al-Yassas
Una cuarta persona insensata era un hombre llamado Abu Abdil’lah Al-Yassas. Se cuenta que cuando falleció la madre de Zuyayy, mucha gente acudió a él para consolarlo y expresarle sus condolencias. En ese momento, llegó Al-Yassas, riendo de alegría y exclamando: “¡Alhamdulil’lah! ¡Por Al’lah, estoy rebosante de alegría!”.
Al observar esto, Zuyayy y los demás presentes quedaron consternados. Alguien le preguntó: “¿Cómo puede la calamidad que lo aflige a él y a nosotros ser motivo de alegría para ti?”. Él respondió: “Al principio oí que él era quien había fallecido (y eso me entristeció). Después, cuando me enteré de que en realidad era su madre quien había fallecido, ¡me llené de alegría!”. Ante esto, todos los presentes se rieron de su insensatez. [Ajbarul Hamqa Wal Mugaffalin, pág. 41]