En una ocasión, un grupo de hombres pasó junto al Profeta Isa (Jesús) (alayhis salam, la paz sea con él). Al verlos, el Profeta Isa (alayhis salam) comentó:
«Uno de estos hombres fallecerá hoy, si Dios quiere».
Los hombres siguieron su camino. Sin embargo, al regresar esa tarde, todos estaban allí, cargando sus haces de leña. Ninguno había fallecido.
El Profeta Isa (alayhis salam) les indicó que dejaran sus haces en el suelo. Luego, le pidió al hombre de quien se esperaba que falleciera ese día que abriera el suyo.
Al abrir el haz, encontraron una serpiente negra en su interior. Entonces, el Profeta Isa (alayhis salam) le preguntó:
—¿Qué buena acción hiciste hoy?
El hombre respondió:
—No hice nada.
El Profeta Isa (alayhis salam) lo exhortó a reflexionar sobre lo que había hecho durante el día. Tras meditar un momento, el hombre dijo:
—No hice nada más que esto: tenía un trozo de pan en la mano y un pobre pasó pidiéndome ayuda, así que le di una parte.
Entonces, el Profeta Isa (alayhis salam) explicó que fue gracias a ese acto de caridad que Al’lah Ta’ala lo protegió de aquella calamidad.
[At-Tabrani, Majma’ az-Zawā’id, n.º 4664]
Lección:
Un simple acto de caridad puede convertirse en un escudo contra una calamidad que una persona ni siquiera sabía que le amenazaba. El hombre de este relato no realizó una acción que la gente consideraría extraordinaria, ni era consciente de la trascendencia de lo que había hecho. Simplemente compartió una parte de su pan con una persona necesitada.
Sin embargo, Al’lah Ta’ala, el Todopoderoso, aceptó ese pequeño acto de generosidad y lo convirtió en el medio para apartar de él un peligro mortal. ¡Cuántas dificultades, adversidades y desgracias nos evita Al’lah Ta’ala cada día sin que lleguemos a saberlo en esta vida!
Por ello, ningún acto de caridad debe considerarse insignificante. Una acción sincera que a nuestros ojos parece pequeña puede tener un peso inmenso ante Al’lah Ta’ala y convertirse en un medio de protección, bendición y salvación, tanto en esta vida como en la otra.
