Durante la epoca de Nabí Musa (alayhis salam – que la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él), los Bani Israil sufrieron una sequía muy severa. Por lo tanto, la gente acudió a Musa (alayhis salam) y le dijeron que le pidiera a Al’lah, el Altísimo, que lloviera. Musa (alayhis salam) les ordenó que lo acompañaran a una montaña. Al ascender la montaña, Musa (alayhis salam) les instruyó a todos: «Ningún hombre que alguna vez haya cometido algún pecado debe seguirme (a esta montaña)».
Cuando Nabí Musa (alayhis salam) dijo esto, más de la mitad de la gente abandonó el grupo y se dispersó. Nuevamente, Musa (alayhis salam) se dirigió al resto de su gente diciéndoles: «Ningún hombre que alguna vez haya cometido algún pecado debe seguirme (a esta montaña)». Así pues, los demás también abandonaron la reunión, dejando solo a una persona llamada Barj Al-Abid (el adorador), que era un hombre tuerto.
Nabí Musa (alayhis salam) le preguntó: “¿No oíste lo que dije?”. En respuesta, Barj confirmó haber oído lo que Musa (alayhis salam) le había dicho. Musa (alayhis salam) entonces le preguntó: “¿Acaso nunca haz cometido algun pecado?”. Barj le respondió: “No recuerdo haber cometido ningún pecado, excepto un asunto (dudoso) que te mencionaré. Si es un pecado, regresaré (donde el resto de la gente)”.
Cuando Nabí Musa (alayhis salam) le pidió que explicara el asunto dudoso, explicó que en una ocasión, mientras caminaba por la calle, pasé junto a una casa que tenía la puerta abierta. Miré dentro de la casa con el ojo que ahora estaba ciego y vi a alguien [una mujer] dentro de ella. Me reprendí a mí mismo diciéndome: “¡A pesar de ser parte de mi cuerpo, te apresuras hacia el pecado! De ahora en adelante no me acompañarás”. Luego agarré el ojo con los dedos de la mano y me lo arranqué de la cuenca. Barj entonces le preguntó a Musa (alayhis salam): “Si esto es un pecado, regresaré”.
Nabi Musa (alayhis salam) le respondió: “Esto no es un pecado. ¡Oh, Barj! ¡Suplícale a Al’lah que llueva!”. Barj comenzó a pedir: “¡Oh, el Ser Purísimo! ¡Oh, el Ser Purísimo! Todo lo que Tú posees nunca disminuirá. Tus tesoros nunca se agotarán y nunca se te ha asociado con la tacañería. Entonces, ¿cuál es este trato por el que no se te conoce habitualmente? ¡Por favor, envíanos lluvia ahora mismo!”. Al rato, Al’lah Ta‘ala envió la lluvia y regresaron todos caminando entre el barro.[Kitabut Tawabin pág. 65]
1. El Nafs (el yo carnal) siempre intentará incitar a una persona al mal y al pecado. Por lo tanto, es necesario que uno controle constantemente su Nafs, e incluso, en ocasiones, se auto imponga una pena cuando este (el Nafs) se impone. Dado que no está permitido autolesionarse, sin embargo, se puede estipular alguna Ibadah y adoración (como 10 Rakats de oración Nafl, un ayuno Nafl, etc.) o imponerse una pena monetaria al cometer algún pecado. Insha Al’lah, esto ayudará enormemente a abandonar por completo el pecado.
2. La piedad y la abstención del pecado traen grandes bendiciones a la vida. Un aspecto clave es la aceptación de las súplicas. En este caso, gracias a las bendiciones de la piedad de Barj (rahimahul’lah), su súplica fue aceptada por Al’lah Ta‘ala y se alivió la sequía de los Bani Israil.