Sad bin Rabí (radiyal’lahu anhu, que Al’lah esté complacido con él) fue un distinguido Sahabi (compañero del Profeta ﷺ). Pertenecía a la tribu Jazray de Madinah Munawwarah y estuvo entre aquellos que juraron lealtad al Profeta (ﷺ, la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él) durante el Pacto de Aqabah. Rasulul’lah ﷺ también lo nombró uno de los doce líderes de los Ansar. [Usdul Ghabah, vol. 2, pág. 293]

Cuando los Muhayirín (emigrantes) llegaron a Madinah Munawwarah, el Mensajero de Al’lah ﷺ estableció un vínculo de hermandad entre los Sahabah (radiyal’lahu anhum). Emparejó a Sad bin Rabí (radiyal’lahu anhu) con Abdur Rahman bin Auf (radiyal’lahu anhu). Sad (radiyal’lahu anhu) honró esta hermandad con una generosidad excepcional, superando con creces cualquier expectativa.

Sad (radiyal’lahu anhu) le dijo a su hermano Muhayir, Abdur Rahman bin Auf (radiyal’lahu anhu):

«Soy uno de los más ricos de los Ansar. Dividiré mi riqueza entre nosotros y te daré la mitad. Tengo dos esposas; elige la que prefieras y me divorciaré de ella. Cuando concluya su período de espera (Iddah), podrás casarte con ella. También elige el jardín que desees de los dos que poseo».

Abdur Rahman bin Auf (radiyal’lahu anhu) respondió:

«Que Al’lah bendiga a tu familia y a tus riquezas. No necesito ni tu esposa ni tu jardín. ¡No acepté el Islam por esto!».

En cambio, le pidió a Sad (radiyal’lahu anhu) que lo guiara al mercado para poder comerciar y ganarse la vida con su propio esfuerzo. [Sahih Bujari n.º 2048, 2049 y 3781; Al-Mu‘yamul Kabir n.º 5407]

Unos años más tarde, durante la batalla de Uhud, el Profeta Muhammad ﷺ preguntó a los Sahabah (radiyal’lahu anhum):

«¿Quién me traerá noticias de Sad bin Rabí (radiyal’lahu anhu)? Vi doce lanzas apuntando hacia él».

Un sahabi respondió:

«Yo lo haré, oh Mensajero de Al’lah ﷺ».

(Según varias narraciones, esta tarea fue realizada por algunos Sahabah, entre ellos Ubei bin Kab, Zeid bin Sabit y Muhammad bin Maslamah [radiyal’lahu anhum]).

Rasulul’lah ﷺ le instruyó:

«Si lo ves, transmítele mis saludos y dile que el Mensajero de Al’lah está preguntando por él».

Los Sahabah recorrieron el campo entre los mártires, llamando repetidamente a Sad (radiyal’lahu anhu). Sin embargo, él no respondió de inmediato, pues estaba agonizando. Cuando uno de ellos dijo:

«El Mensajero de Al’lah ﷺ me ha enviado a ti»,

Sad (radiyal’lahu anhu) respondió débilmente:

«Estoy entre los difuntos».

Finalmente, los Sahabah encontraron a Sad (radiyal’lahu anhu), tendido en el suelo y agonizante. Su cuerpo presentaba setenta heridas causadas por lanzas, espadas y flechas. Le transmitieron el mensaje de Rasulul’lah ﷺ, repitiéndole sus saludos y preguntándole por su estado.

Sad (radiyal’lahu anhu) respondió:

«La paz sea con el Mensajero de Al’lah ﷺ y contigo también. Transmítele a Rasulul’lah ﷺ:

“¡Oh Mensajero de Al’lah! Que Al’lah te recompense, en nuestro nombre, con la mejor recompensa que jamás haya concedido a un Nabí por su umma. ¡Percibo la fragancia del Yannah!”».

Y añadió:

«Me han atravesado doce veces».

Luego pidió al Sahabi que informara a su pueblo, los Ansar (radiyal’lahu anhum):

«No habrá excusa ante Al’lah para ninguno de ustedes si algún daño le alcanza al Profeta Muhammad ﷺ mientras quede entre ustedes un solo ojo que aún parpadee».

Tras pronunciar estas palabras, Sad (radiyal’lahu anhu) exhaló su último aliento.

Los Sahabah regresaron e informaron al Mensajero de Al’lah ﷺ de lo ocurrido. Rasulul’lah ﷺ elogió a Sad (radiyal’lahu anhu), diciendo:

«Que Al’lah tenga misericordia de él. Deseó lo mejor para Al’lah y para Su Mensajero, tanto en la vida como en la muerte».

[Muwatta Imam Malik n.º 1691, Mustadrak Hakim n.º 4906, Sharhuz Zurqani vol. 2, pág. 445 y Usdul Ghabah vol. 2, pág. 294]

Sad (radiyal’lahu anhu) dejó dos hijas. [Sunan Abi Dawud n.º 2892]

En una ocasión, Umar (radiyal’lahu anhu) visitó a Abu Bakr (radiyal’lahu anhu), quien había extendido una tela para que una joven se sentara. La joven era una de las hijas de Sa‘d (radiyal’lahu anhu).

Cuando Umar (radiyal’lahu anhu) preguntó quién era, Abu Bakr (radiyal’lahu anhu) respondió:

«Es la hija de un hombre que era mejor que nosotros dos».

Cuando Umar (radiyal’lahu anhu) preguntó a quién se refería, Abu Bakr (radiyal’lahu anhu) respondió:

«A un hombre que falleció en tiempos del Profeta Muhammad ﷺ y que ya había preparado su morada en el Paraíso, mientras tú y yo aún permanecemos en este mundo».

[Tabrani – Mayma‘uz Zawaid n.º 15685 y Mustadrak Hakim n.º 6553]

En otra narración, Abu Bakr (radiyal’lahu anhu) elogió aún más a Sad (radiyal’lahu anhu), afirmando:

«Estuvo entre los líderes nombrados por el Mensajero de Al’lah ﷺ el día de Aqabah, participó en la batalla de Badr y fue martirizado en Uhud».

[Sirah Ibn Hisham, vol. 3, pág. 95]

Lecciones

1. Sad (radiyal’lahu anhu) siempre deseó el bien y se mantuvo leal a Al’lah Ta‘ala y al Profeta Muhammad ﷺ. Esto se reflejó claramente en sus acciones. En vida, estuvo dispuesto a entregar sus posesiones más preciadas para preservar la hermandad establecida por el Profeta ﷺ. Incluso en su lecho de muerte, su principal preocupación fue el bienestar del Mensajero de Al’lah ﷺ. La religión y todo lo relacionado con ella ocupaban el primer lugar en su corazón, por encima de cualquier preocupación personal. Nosotros también debemos valorar nuestra religión, convertirla en nuestra máxima prioridad y estar dispuestos a sacrificarnos por ella.

2. Los Sahabah (radiyal’lahu anhum) lucharon valientemente, derramando su sangre para que la religión de Al’lah Ta‘ala pudiera elevarse y florecer. Serán resucitados el Día del Juicio (Qiyamah) llevando en sus cuerpos las marcas de su sacrificio y alcanzarán los rangos más elevados del Paraíso. Incluso en este mundo, a los mártires se les conceden vislumbres de las bendiciones del Paraíso, como ocurrió con Sad (radiyal’lahu anhu). El sufrimiento temporal de esta vida es insignificante en comparación con las recompensas que Al’lah Ta‘ala concede a los mártires.

3. Sad bin Rabí (radiyal’lahu anhu) obtuvo los elogios y las súplicas del Mensajero de Al’lah ﷺ gracias a su sacrificio y a su fervor por la religión. Quien se sacrifica sinceramente por la causa del Mensajero de Al’lah ﷺ se hace merecedor de la complacencia de Rasulu’lah ﷺ.