El Profeta Muhammad (ﷺ – la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él) le dijo a su amada hija, Fátima (radiyal’lahu anha – que Al’lah esté complacido con ella), el día del Eid: “¡Oh Fátima! Presencia el sacrificio de tu animal, pues recibirás el perdón de todos tus pecados en el momento en que se derrame la primera gota de su sangre. ¡Mira! Su carne y su sangre serán traídas (el Día del Juicio Final) y puestas en tu balanza, (multiplicadas) setenta veces (en peso)”.
Abu Said (radiyal’lahu anhu) preguntó: “¡Oh Mensajero de Al’lah ﷺ! ¿Es esta virtud solo para la familia de Muhammad ﷺ, pues ciertamente son dignos de la virtud que solo a ellos se les concede, o es para todos los musulmanes en general?”. El Profeta Muhammad ﷺ respondió: «Para la familia de Muhammad ﷺ, especialmente, y para todos los musulmanes en general». (At-Targuib wat Tarhib, vol. 2, pág. 154)
Que una mujer presencie el sacrificio de su animal de sacrificio es sin duda meritorio, pues era el deseo del Profeta Muhammad ﷺ que su amada hija presenciara el sacrificio de su animal.
Sin embargo, por meritorio que sea, esta acción NO nos granjeará la complacencia de Al’lah Todopoderoso ni de Su Mensajero ﷺ si, al hacerlo, pisoteamos flagrantemente las leyes del Islam. ¡Qué triste sería que una acción emprendida para obtener la complacencia de Al’lah Todopoderoso nos granjeara, en cambio, Su desagrado! Por lo tanto, es absolutamente esencial prestar la debida atención a aspectos como el hiyab, la mezcla de sexos, etc.
¡Que no suceda que el Día del Eid, un día de alegría, un día destinado a acercarnos un paso más a Al’lah Ta‘ala, en realidad nos aleje diez pasos de Al’lah Ta‘ala!
