La vida nunca está exenta de desafíos. A veces está llena de alegría y tranquilidad; otras, de dificultades que pesan profundamente sobre el corazón. La preocupación, el dolor y las adversidades forman parte de la condición humana. Sin embargo, cuando estas emociones nos abruman, pueden obstaculizar nuestro progreso tanto en la religión como en este mundo.
La bendita enseñanza del Profeta Muhammad (ﷺ la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él) ofrece guía para cada necesidad: emocional, espiritual y física. Cuando surgen dificultades, a menudo nos apresuramos a adoptar soluciones materiales. El Islam no lo prohíbe; de hecho, se nos ordena recurrir a los medios lícitos dentro de los límites de la ley islámica. Sin embargo, la verdadera confianza siempre debe depositarse en Al’lah Ta’ala, el Todopoderoso. Sin Su ayuda, ningún esfuerzo puede dar fruto. Por ello, la súplica no es el último recurso, sino el principal: la llave que atrae la bendición sobre todos nuestros esfuerzos.
Entre los tesoros invaluables que dejó el Profeta Muhammad ﷺ se encuentran súplicas breves que ofrecen remedio para las dificultades de la vida diaria. Una de ellas, recitada con frecuencia por el propio Rasulul’lah ﷺ, reúne muchas de las cargas que pesan sobre el corazón:
اَللّٰهُمَّ إِنِّي أَعُوذُ بِكَ مِنَ الْـهَمِّ وَالْـحُزْنِ ، وَالْعَجْزِ وَالْكَسَلِ ، وَالْبُخْلِ وَالْـجُبْنِ ، وَضَلَعِ الدَّيْنِ وَغَلَبَةِ الرِّجَالِ
Cada una de estas expresiones encierra un profundo significado:
Hamm (preocupación o ansiedad): la carga de anticipar dificultades futuras, vivir con el temor constante de lo que pueda suceder. Roba la paz al corazón incluso antes de que llegue la adversidad.
Huzn (tristeza o pesar): el dolor causado por pérdidas pasadas, remordimientos y penas que persisten, atando a la persona a aquello que ya no puede cambiar. La preocupación por la Otra Vida es loable, pero la ansiedad excesiva por los asuntos mundanales debilita la determinación. Esta súplica busca la protección de Al’lah Todopoderoso contra tales emociones destructivas.
Ajz (impotencia): el estado en el que una persona realmente carece de los medios o la capacidad para actuar. Esta incapacidad la deja estancada, sin poder avanzar.
Kasal (pereza): cuando una persona posee la capacidad y los medios, pero aun así descuida la acción. Esta debilidad nace del interior, de la falta de voluntad y energía.
Ambas son obstáculos para el progreso: una representa una deficiencia de capacidad y la otra, una falta de determinación. La pereza, en particular, priva a la persona de enormes recompensas. Esta súplica también busca protección contra estas cualidades destructivas.
Bukhl (avaricia): impide a la persona gastar en el camino de Al’lah Ta’ala, privándola de la recompensa y de la purificación de su riqueza.
Jubn (cobardía): impide realizar acciones nobles por un temor infundado.
Estos dos rasgos son defectos del carácter: uno relacionado con la riqueza y el otro con el valor. Ambos debilitan a la persona e impiden que aproveche las oportunidades para hacer el bien.
Dhalaid-Dayn (la carga de las deudas): cuando las obligaciones financieras agobian a una persona, dejándola inquieta, humillada e incapaz de vivir con tranquilidad. Pedir un préstamo por una necesidad genuina está permitido; sin embargo, endeudarse para satisfacer lujos es una trampa que conduce a una ansiedad y una humillación constantes.
Ghalabatir-Riyal (la opresión o dominación de los hombres): se refiere a ser sometido o tratado injustamente por otras personas. Un creyente jamás debe perjudicar a otros ni resignarse a ser humillado o aplastado bajo una dominación injusta.
Estas dos son presiones externas: la económica y la social. Ambas representan una pesada carga que deja a la persona estresada y desanimada.
El comentarista de hadices, Al’lamah Kirmani (rahimahul’lah, que Al’lah tenga misericordia de él), describió esta súplica como uno de los Yawamiul Kalim del Profeta Muhammad ﷺ, es decir: palabras breves, pero de significado inmenso. Explicó que esta súplica reúne la protección contra toda clase de debilidad: interna, física y externa. [Fat-hul Bari, vol. 11, p. 208]
Esta súplica no fue meramente teórica; fue vivida y experimentada. Abu Said al-Judri (radiyal’lahu anhu, que Al’lah esté complacido con él ) narra que, en cierta ocasión, Rasulul’lah ﷺ entró en la mezquita y vio a uno de sus compañeros, Abu Umamah (radiyal’lahu anhu), sentado allí fuera del horario de la oración. Le preguntó el motivo, y Abu Umamah respondió:
“¡Oh, Mensajero de Al’lah! Estoy agobiado por las preocupaciones y las deudas.”
El Profeta Muhammad ﷺ le dijo:
“¿Acaso no quieres que te enseñe unas palabras que, si las recitas, Al’lah aliviará tu preocupación y saldará tus deudas?”
Abu Umamah respondió:
“¡Claro que sí, oh Mensajero de Al’lah!”
Entonces el Profeta Muhammad ﷺ le enseñó esta súplica y le indicó que la recitara cada mañana y cada noche. Abu Umamah (radiyal’lahu anhu) relató posteriormente que comenzó a recitarla, y Al’lah Ta’ala disipó sus preocupaciones y saldó sus deudas. [Sunan Abi Dawud, hadiz 1555]
Al recitar esta súplica cada mañana y cada noche, el creyente protege su mente de la ansiedad, fortalece su cuerpo contra la debilidad, purifica su alma de la avaricia y la cobardía, y busca la protección de Al’lah contra las cargas de las deudas y la opresión de las personas. La verdadera fortaleza no consiste en cargar solo con todos los pesos de la vida, sino en acudir a Al’lah Ta’ala en busca de ayuda mediante las mismas palabras que enseñó Su Mensajero ﷺ.
