Había una vez una criada que trabajaba para una familia de Sayyid (descendientes del Mensajero de Al’lah ﷺ). Desconocía por completo las leyes de la religión y ni siquiera era puntual en su oración. A medida que envejecía, la familia la cuidó con esmero, sintiéndose en deuda con ella por sus años de servicio.
Al acercarse sus últimos momentos de vida, comenzó a decir algo que nadie podía entender. Finalmente, llamaron a un hombre muy erudito y piadoso llamado, Shah Ahlul’lah (rahimahul’lah), quien se dio cuenta de que estaba recitando la aleya «La Tajafi Wala Tahzani» (no temas ni te aflijas). Les pidió que le preguntaran el motivo de decir esto. Tras mucha dificultad, ella respondió: “Hay un grupo de ángeles presentes que están repitiendo estas palabras”. Entonces les pidió que le preguntaran si las entendía. Ella respondió: “(No entiendo el significado, pero) lo único es que puedo sentir que me están consolando”.
Luego Shah Ahlul’lah (rahimahul’lah) les pidió que le preguntaran: “¿Debido a qué acción te están consolado?” Después de un tiempo, ella respondió: “Estos ángeles me dicen: ‘No tienes muchas buenas obras. Sin embargo, un día de verano compraste Ghee (mantequilla clarificada) en una tienda. Al llegar a casa y hervirla, apareció una moneda. Al principio, pensaste en guardarla en secreto y usarla para ti, ya que nadie lo sabía. Entonces, pensaste que “Al’lah Ta‘ala te está observando”, y por eso se la devolviste al tendero. Al’lah Ta‘ala le encantó esta acción tuya, y es por ella que te damos buenas nuevas’”.
[Yawahir Pare vol. 1, pág. 156]
Lecciones:
1. Una de las exigencias del buen carácter es que tratemos a nuestros empleados y a las personas que nos ayudan en el hogar con amabilidad y respeto, especialmente si nos sirvieron durante mucho tiempo. En esta historia, vemos esta enseñanza hecha realidad. La anciana criada, que había dedicado su vida al servicio de una familia noble con lealtad, no fue abandonada en su vejez. Aunque ya no podía servir, la familia continuó honrándola, cuidándola y alojándola en su hogar con dignidad. Desafortunadamente, muchos padres biológicos ni siquiera reciben este trato hoy en día.
2. Recordar que Al’lah, el Altísimo, nos observa en todo momento, nos inspira a tomar decisiones honestas y correctas. Esta conciencia de Al’lah, el Altísimo, conocida como Taqwa, es como una luz que ilumina nuestro camino y transforma nuestras vidas, ganándonos Su complacencia y misericordia en este mundo y en el venidero.
3. Al’lah, el Altísimo, declara en el Sagrado Corán que sus amigos cercanos (Awliya) que poseen Iman y Taqwa no temerán ni se lamentarán, y recibirán buenas nuevas tanto en este mundo como en el Más Allá. Los comentaristas del Glorioso Corán explican que las buenas nuevas en este mundo se refieren a las que se transmiten al creyente al morir. [Tafsir Qurtubi vol. 11, pág. 17] Esta misma escena se desarrolló también para la doncella, pues antes de morir, ella también fue honrada con estas buenas nuevas.