La escuela acababa de terminar y todos los niños estaban emocionados y haciendo planes para sus vacaciones. La pequeña Taskin apenas entró en casa, abrazó a su madre, le dio un beso y preguntó: “¡Mamá! ¿Puedo irme, por favor?”.
“¿Adónde, mi cariño?”, respondió su madre. “A casa de mi amiga Atiqah de vacaciones. Todas mis amigas van a quedarse el fin de semana. La van a pasar genial, porque ella tiene una piscina preciosa, un parque infantil enorme y un montón de juguetes y juegos. Por favor, mami, déjame ir. Sé que eres la mejor mamá del mundo”.
“Bueno, quítate la mochila, cámbiate de ropa y disfruta de tu sándwich favorito de pollo con mayonesa que te preparé. Luego lo decidimos”, respondió su madre.
Taskin corrió a su habitación, tiró su mochila al suelo, se cambió en medio minuto, se tragó el sándwich y volvió a preguntar: “Mamá, ¿ya puedo irme?”. Al ver la ansiedad de la pequeña Taskin, su madre se vio obligada a aceptar y dijo: “Vale, cariño; te dejo ir por el día, pero tendrás que volver a casa por la noche. Además, será mejor que te portes bien allí y llamaré a la mamá de Atiqah para preguntarle si te estas portando mal”.
¿Qué diría una persona sensata de esta madre? ¿La llamaría cruel, opresiva y dura? ¡No! Más bien, diría que es una madre muy inteligente, madura y cariñosa. No se deja llevar ante cualquier exigencia de su hija, sino que se preocupa por su futuro a largo plazo, pues comprende el desastroso resultado de darle a su «pequeña angel» completa libertad.
De igual manera, nuestro Amoroso y Sabio Al’lah Ta‘ala nos permite tomarnos un descanso, «relajarnos y desconectarnos», pero dentro de ciertos límites, pues Él sabe lo que más nos conviene. Por eso, insistirá en que regresemos a «casa» cinco veces al día y en todo momento comprobará si nos comportamos «bien».
Por lo tanto, debemos disfrutar de nuestras vacaciones divirtiéndonos «sanamente». De lo contrario, podríamos arruinar todo nuestro Dunya y Ajirah en una sola vacación.